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Feb 2012 02

Ojos y pies bien puestos sobre la tierra

 

"Nadie se atrevería a dudar que la concentración de la tierra es un factor generador de inequidad y desigualdad, así como el caldo de cultivo de conflictos sociales, económicos y políticos" Senador Félix Valera (Partido Verde).

En tiempos segregacionistas, el prohombre norteamericano Martin Luther King soñaba con transformar un país sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, en un oasis de libertad y justicia; sueño que finalmente se materializó a través de la voluntad política y de la oportuna intervención de la justicia.

En tiempos de consternación como los que atraviesa Colombia por cuenta de un conflicto fratricida y desgarrador que data de más de medio siglo, muchos confiamos, con una gran dosis de esperanza, que las diferentes medidas legislativas y administrativas promovidas por el actual Gobierno Nacional conduzcan al país por la senda de la paz y la reconciliación.

No es poco lo que se ha discutido en Colombia sobre las causas del conflicto, encontrando explicaciones tan disímiles como abundantes en su carga argumentativa e ideológica. Sin embargo, muchos expertos coinciden en afirmar que el problema de la tierra es la base del conflicto armado, del desplazamiento, de la crisis del agro, de la inequidad en Colombia y de su estancamiento económico.

Hoy, por ejemplo, nadie se atrevería a poner en duda que la concentración de la tierra es un factor generador de inequidad y desigualdad, así como el caldo de cultivo de conflictos sociales, económicos y políticos. En ese contexto era necesaria y urgente la implementación de una política agraria dirigida a saldar esa deuda de antaño que obstaculiza la senda de la paz, ya que, como lo afirma el ministro Juan Camilo Restrepo en el prólogo del libro sobre la Política Integral de Tierras, no hacerlo sería una falta grave ante la historia, ante el derecho internacional, ante el derecho interno y ante la sociedad colombiana.

Con gran acierto el Gobierno diseñó la Política Integral de Tierras, la cual, según el documento que la contiene, descansará sobre tres pilares, todos ellos de vital importancia: restitución de tierras, formalización de la propiedad agraria y desarrollo rural.

En materia de despojo y abandono forzado de tierras las cifras dan cuenta de aproximadamente seis (6) millones de hectáreas que cayeron en manos de los violentos en perjuicio de millones de compatriotas que hoy son víctimas del expolio. Esto explica el apremio con que la administración Santos ha atendido el primero de los pilares: la restitución. En efecto, en el periodo comprendido entre agosto de 2010 y julio de 2011, se restituyeron poco menos de quinientas mil hectáreas, esto indica que vamos por buen camino si se tiene en cuenta que la meta proyectada es dos millones al final del cuatrienio.

Con relación al segundo de los ejes, la formalización de la propiedad, el reto no es menos complejo. Un estudio realizado por Ana María Ibáñez, Directora del Centro de Estudios Económicos -CEDE- de la Universidad de los Andes, indica que el 31% de esos campesinos desplazados no contaba con la titulación formal de las tierras de las que fueron expulsados, a tal punto que muchos de ellos daban cuenta de la titularidad de sus predios por medio de papeles de cualquier tipo, incluidas servilletas. En este propósito es indispensable la acción conjunta de la justicia y el legislativo, en tanto que el programa propenderá por la simplificación de los trámites de formalización a través de los juicios de pertenencia, la liquidación de sucesiones y el saneamiento de falsas tradiciones. Nada más gratificante que haber contribuido, al cabo del cuatrienio, a hacer realidad el sentimiento de propiedad sobre la tierra en el campesinado colombiano.

Finalmente, como complemento de la restitución de tierras y la formalización de la propiedad rural, emerge la política de desarrollo rural; política que adquiere un enorme significado si tenemos en cuenta que permitirá al agro dinamizar la economía, al tiempo que ordenará el uso de la tierra y el uso adecuado del agua de acuerdo a su vocación, tal como lo expresó el Presidente Santos. Todo esto demuestra que el Gobierno tiene los ojos y los pies bien puestos sobre la tierra.

Por las anteriores razones, asumo como una obligación ética y moral la decisión de unirme a las voces que respaldan la política agraria impulsada por el Presidente Santos y el ministro Restrepo. Como Martin Luther King tengo un sueño, el mío recurrente: un día en el que los colombianos dejemos de emular a tirios y troyanos y sentemos las bases de la reconciliación para alcanzar, de una vez por todas, la tan anhelada paz.

 

Tags: Conflicto Armado Desigualdad Gobierno Juan Camilo Restrepo Juan Manuel Santos Justicia Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural Desplazamiento Ley de víctimas Paz Reconciliación Restitución de tierras Tierra Víctimas



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